El trapero de la memoria. Una lectura benjaminiana de Los Anillos de Saturno de W. G. Sebald

El trapero de la memoria. Una lectura benjaminiana de Los Anillos de Saturno de W. G. Sebald


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“El cronista que narra los acontecimientos, sin distinción entre los grandes y los pequeños, tiene en cuenta, al hacerlo, la siguiente verdad: de todo lo que sucedió alguna vez, nada debe considerarse perdido para la Historia”

Walter Benjamin

Hilos de visión, hilos de sentido. De Hiel de noche. Tejidos detrás del tiempo: ¿quién es lo bastante invisible para veros?

 Paul  Celan 

UNO                                                               

A través de la segunda novela del escritor alemán W. G. Sebald Los Anillos de Saturno, se ha querido trazar una guía de viaje por los aspectos más relevantes de la misma, teniendo como marco metodológico la relación con la teoría de Walter Benjamin. Sebald, que murió trágicamente en un accidente de tráfico hace una década, ha sido uno de los escritores más originales de nuestro siglo, todos sus libros ahondan en las problemáticas y las heridas que aun están cicatrizando en la Europa actual. Temas como la identidad, la memoria o la historia funcionan como enclaves de la mise en scene del corpus sebaldiano. Temas que quedan impregnados con un aire melancolizado y nostálgico, tal como se observa en sus personajes que deambulan, perdidos entre las entresijos de la historia, en busca de una identidad perdida (caso de Austerliz) u observando las ruinas del pasado (caso de Los Anillos de Saturno). También hay personajes reales que escapan de la memoria de Sebald para protagonizar retales de historias que funcionan como testigo de la situación post holocausto judío – caso de Los Emigrados-.

En cualquier caso, el hilo común que vertebra la totalidad de sus obras es la reflexión sobre la naturaleza del hombre, en su refuerzo negativo, en su vertiente más destructora, una naturaleza humana y natural que incluso puede ser calificada como dialéctica –pues encierra una tensión irresoluble-.  Dialéctica que vemos palpable en las obras de Sebald: la historia colectiva y local, el romanticismo versus modernismo, la memoria y el olvido, el paisaje natural y su destrucción, la catástrofe y el progreso…Las ruinas son, en última instancia, el testimonio del paso del tiempo, de la destrucción del hombre, de la pérdida y del olvido del paisaje. Ruinas que sirven para hacernos recordar que la memoria es el conducto por el que emergen, en un mismo instante, nuestra historia más cercana y lejana.

Sebald, como autor de origen alemán nacido en la generación post holocausto, sentía la necesidad de escribir sobre los acontecimientos históricos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. El trauma causado en los escritores de su generación, ha ocasionado que muchos de ellos hayan sufrido el silencio y el ocultamiento de los mismos, como si de una gran vergüenza nacional se tratase. Por este motivo, la obra sebaldiana, se ha relacionado con la posmemoria[1]; lo que supone un intento de establecer un puente de acercamiento entre la generación que fue testigo del horror en primera persona y la llamada “segunda generación”, es decir, aquéllos que crecieron con la experiencia heredada del trauma post holocausto, materializado a través de un inconsciente colectivo con el que aún tienen que lidiar[2]. Sebald, nacido en la década de los cuarenta, pertenece a la segunda generación que mimetizó la pulsión generalizada y la vergüenza de la catástrofe que, en muchos de los casos, se traducía en silencio y en un mutismo congénito.

Objetivo del presente texto es relacionar y comparar Los Anillos de Saturno con ciertas ideas benjaminianas planteadas a lo largo de su trayectoria intelectual, como se verá a continuación. La novela que se pretende analizar fue escrita en 1995, tiene una estructura fragmentaria que divide el libro en diez partes relacionadas entre sí gracias al hilo conductor que entreteje los retales de historias desperdigadas. Ese hilo conductor no es otro que el recorrido a pie por el condado de Suffolk, una región al este de Inglaterra, donde residía el propio Sebald (daba clases en la Universidad de Norwich).

Pero además, en Los Anillos de Saturno se ven reflejados los leits motivs latentes en la obra sebaldiana, conceptos como la memoria, la historia, el tiempo y la imagen, que traen a colación inmediatamente la figura de uno de los pensadores más relevantes del siglo XX, la del pensador Walter Benjamin, a quien Sebald admiraba y leía con asiduidad. Las investigaciones de Benjamin centradas en el concepto de historia, en la imagen y los medios técnicos como la fotografía, entre otros temas, guardan una relación pareja a la misma búsqueda de Sebald, si bien en términos diametralmente opuestos; uno teórico, otro ensayista/escritor, ambos estuvieron interesados en el análisis de los despojos de la historia, en la inclinación hacia el detalle, hacia historias no oficiales, hacia la imagen como entidad autónoma y potencial, hacia la reflexión acerca del tiempo y como colofón la historia como mecanismo de articulación de conocimiento no diacrónico.

Las problemáticas que se substraen de la obra de Benjamin (por citar algunas)  son: la relación con la literatura y otros géneros como la autobiografía, la apuesta por un tiempo alternativo (un tiempo pleno, anacrónico que se da en el ahora, en el Jeztzeit),  el “giro histórico” que se esboza a lo largo de su trayectoria escritural  (especialmente en Sobre el concepto de historia),  la importancia del detalle, de los desechos, de la historia, de lo anecdótico, lo oprimido que se da forma gracias al montaje de esos resortes de la historia, el uso de un determinado “método”, el del materialismo dialéctico que tiene como última instancia disponer de las imágenes dialécticas o la importancia de la tecnología y el poder político, entre otros temas.

Son similares a los temas que subyacen en la obra del escritor Sebald: la construcción alternativa del espacio temporal mediante digresiones e interrupciones en la narración, la importancia de la historia y del relato de detalles anecdóticos, contar la historia de los vencidos y apelación a la memoria para llevar  a cabo dicho cometido, la poética del fragmento y construcción de una suerte de archivo gracias también, al montaje y a la construcción visual de la narración por la inserción de material icónico, la reflexión subversiva y crítica con el sistema hegemónico.

DOS

Hasta aquí una introducción a la obra de Sebald, sin embargo, antes de continuar con el presente texto me gustaría plantear la siguiente pregunta: ¿Por qué elegir a Benjamin como marco teórico? Bien es cierto que se puede analizar Los Anillos de Saturno bajo varios puntos de vista, desde la relación imagen texto bajo la metodología de los Estudios Visuales, por ejemplo.

En mi elección juegan un papel fundamental la concepción de la historia. Ya en los primeros escritos de Benjamin, como en el caso de Ensayo de los estudiantes (1914) predica una toma de postura clara: situarse contra el positivismo e intentar blindar, gracias a un armamento teórico, la postulación de una historia basada en la apertura del tiempo. Una apertura que tiene sus fundamentos en la lucha contra la rigidez y el hermetismo que imponía la ciencia positivista.

Así lo expresa George Didi-Huberman, como se sabe, uno de los encargados de recuperar no sólo la figura de Benjamin en el campo de la filosofía y de la historia del arte, sino también la de Aby Warburg.  Según Huberman, el uso del anacronismo debería incluirse en la postulación teórica de dichos filósofos. Ése sería el camino hacia el encuentro de la tarea del verdadero historiador. Lo que supone una ruptura con la linealidad del tiempo histórico, una historia factual, ucrónica y contextual que prescinde de la memoria y arranca el recuerdo.

La historia objetiva que seca los vestigios de recuerdos, los episodios subjetivos en pro de la construcción de un relato histórico hegemónico. “Frente a la imposición sincrónica del tiempo histórico, estos autores  eligen suspender la continuidad temporal impuesta por categorías del positivismo – puesto que busca enfocar la historia como un discurso científico empírico-  y apostar por los intervalos, las sucesiones discontinuas que se pueden unir en diferentes anacronías, sin tener porqué seguir el fluir de la lógica cronológica”.

Benjamin, en su caso, fue más allá en la postulación de un tiempo anacrónico y pensó la historia a contrapelo; había que leer lo que nunca fue escrito, había que sumarse en un ejercicio de duelo, un ejercicio a la altura de los héroes trágicos griegos, y captar las imágenes dialécticas que aparecen en el discontinuum de la historia. Pero para realizar ese proceso anagnórico había que despertar del sueño, o mejor dicho, despertar de la realidad.

Ambos autores optan por crear una contrahistoria y desafiar los cánones del positivismo. Sus finales fueron trágicos, como era de esperar, pero los planteamientos que dejaron como herencia, están funcionando como basamento de la actual historia del arte: una contrahistoria basada en lo superviviente, en lo anacrónico; una categoría que sirve para una fundamentación metodológica. Pero si la supervivencia significa buscar y ahondar en el pasado ¿cómo proceder satisfactoriamente en esa búsqueda?: mediante una herramienta capaz de excavar en los recuerdos para rememorar las imágenes perdidas. Esa herramienta no es otra que la memoria.

Por ello Benjamin, irá desarrollando estas ideas, hasta que se decide a  escribir Sobre el concepto de Historia  en 1940,  justo los meses antes de morir en la frontera española. Este texto podría definirse como la mise en scene de sus planteamientos fundamentales. Como señala Michel Löwy, las tesis de Benjamin y, en general, toda su teoría no está exenta de una aire romántico. Esta postura pude resultar extraña si tenemos en cuenta la fuerte presencia del materialismo en sus escritos, sin embargo, cuando se continua leyendo a Benjamin, uno se percata de que quizá el apunte de Lowy no sea tan desacertado. según él, Benjamin aspira a: “una nueva comprensión de la historia humana. Los escritos sobre arte o literatura sólo pueden entenderse en relación con esa visión de conjunto que los ilumina desde adentro. Su reflexión constituye un todo en el cual arte, historia, cultura, política, literatura y teología son inseparables”[3]

En la primera etapa de Benjamin planea un interés por absorber ciertas intuiciones románticas y por eso escribe de autores  como Schlegel o Novalis, de esta forma, su primer artículo, publicado en 1913, es Romantik. También aparece este interés en  otro escrito de la misma fecha: diálogo sobre la religiosidad del presente[4]. Para Benjamin, el núcleo principal de la concepción de la historia y del tiempo en el romanticismo está definido por una aspiración mesiánica.[5] El viraje marxista le viene de la mano de la lectura de Historia y conciencia de clases de Luckas, así como de la influencia de Asja Lacis,  una revolucionaria bolchevique a quien conoce en Italia.

A partir de ese momento, Benjamin se interesará en hallar un punto de encuentro entre esas dos corrientes: romanticismo y marxismo, que según Lowy adquiere su punto álgido en El Informe sobre Bachofen[6], un sociólogo, escritor multifacético que ya en el siglo XIX había postulado una sociedad pseudo anarquista y había analizado las primigenias sociedades matriarcales: existía – de acuerdo con sus investigaciones-  un alto grado de democracia e igual cívica en las mismas.

Dichas tesis han sido objeto de estudio, análisis y, por ende, objeto de crítica que ha venido, sobre todo, de la postulación de un “marxismo mesiánico” Existen – según  Lowy- tres escuelas que interpretan las tesis desde su ámbito: la materialista, la teológica y la de la contradicción. Ejemplo de ello serían Tidemann y Habermas[7], afanados lectores de la obra benjaminiana, que formarían parte de la última tendencia; no creen que se pueda aunar marxismo y teología judía[8].

El intento de fusionar una teología basada en la redención con los postulados del materialismo dialéctico han sido foco de la mayor cantidad de críticas. No todos son críticos con el intento de aunar ambas corrientes. El propio Lowy justifica la dualidad de Benjamin, quien gustaba de utilizar la figura mitológica de Jano – aquel dios romano que tenía dos cabezas- para justificar esta postura: uno de los rostros mira hacia Moscú, otro hacia Jerusalén, pero los dos pertenecen a  una misma cabeza[9].

Otros comentaristas que han realizado una exégesis exhaustiva de, no sólo de las tesis de historia, sino también del proyecto de los Pasajes, como la profesora Buck- Morss, inciden en tomar ciertas precauciones en el alarmismo generalizado que ocasiona tal unión de ideas. Buck Morss, a pesar de construir un discurso más conciliador, acaba por decantarse hacia la tendencia de los que opinan que la teología era el telón de Aquiles de Walter Benjamin:

Recordar que la teología da vida al materialismo histórico, pero mantener esta idea invisible porque llamarla por su nombre haría desvanecer su verdad – esta es la última advertencia de Benjamin. Respetémosla. Y otra vez, ocultemos al enano de la teología[10].

Es cierto que Benjamin estaba sumergido en el materialismo histórico y por ende en el marxismo, buena cuenta de ello son algunos de los textos que redacta en la década del treinta, sin embargo, no era ni mucho menos una adhesión al uso, siguiendo su espíritu crítico e intuitivo, sentía ciertas reticencias hacia el auge del estalinismo aunque guardaba una esperanza en el movimiento soviético, pero cuando se firma el pacto Molotov- Von Ribbentrop de no agresión entre los gobiernos de Stalin y de Hitler, Benjamin pierde las expectativas de lucha contra el nazismo. Es el momento de escribir las tesis sobre el concepto de historia, donde  planea  una advertencia que, por desgracia, no sería escuchada.

El conjunto de las tesis supone una summa teórica de la trayectoria intelectual de Walter Benjamin. Las tesis recoge materiales que se encontraban ya en el Passegen werk y por tanto en sus primeros textos, como ya se ha mencionado. Las propias tesis pueden leerse de forma alegórica; imágenes que desentrañan un conocimiento codificado.

Teniendo en cuenta el contexto en el que las redacta, no debe resultar extraño el carácter de exhortación y de llamamiento a construir una Historia abierta, que busque entre las entrañas de su pasado la memoria de los vencidos.  Hacia 1940, y con sus colegas del Instituto de Francfort exiliados en EEUU, precipita la redacción de dichas tesis. La carta a Gretel Adorno lo revela: “la guerra y la constelación que la rodea me han llevado a poner por escrito algunos pensamientos que había guardado en mi interior en los últimos años, guardándolos incluso de mí mismo”.[11] 

A pesar del riesgo que supone quedarse en París, sabe que tiene una responsabilidad con la historia y redacta lo que puede ser considerada como su herencia. A la misma vez prosigue con la elaboración del Passagen- werk. Los últimos escritos de Benjamin están dedicados, como un código encriptado, a la situación política a la que estaba sometido. Nunca sabremos lo que contenía su cartera, aquella que guardaba con recelo y que era “más importante que su propia vida” pero al menos quedan los materiales recogidos que siguen siendo actuales: un aviso alarmante que podemos rastrear en nuestros días.

Saber desentrañar el laberinto de las tesis, interpretar los pensamientos- imágenes que dejó como advertencia; saber aplicar su herencia es ya una tarea que no dista de encerrar una aporía, una imposibilidad en si misma.  La imposibilidad no emana de sus lecciones -idealistas o irreconciliables para muchos- sino de nuestra ignorancia. No supieron -no supimos- leer entre líneas, leer las advertencias del Angelus Novus de la historia que parecía predecir las catástrofes como las de Hiroshima y Nagashaki. Leer los peligros que encierra una falsa idea de progreso: “hay que basar el concepto de progreso en la idea de catástrofe. Que esto siga sucediendo es la catástrofe”[12].

 

Por otro lado, la concepción histórica del pensador alemán tiene una base visual. Es la imagen la que permanece presente en el “ahora de la cognoscibilidad” en última instancia es la imagen proveniente del pasado y que hace su aparición gracias a la rememoración, la que se manifiesta en el presente como una imagen dialéctica. Por ello, Benjamin cree que “la Historia no esta hecha de relatos, sino de imágenes”[13] 

Teniendo estos aspectos en cuenta, cabe preguntarse ¿qué intenta transmitir Sebald en Los Anillos de Saturno? ¿cómo articula las diferentes historias que compone la novela?, ¿qué sentido histórico guarda?

Si hay algo que resalta a primera vista es la inserción de relatos anodinos, anecdóticos e incluso irrisorios entremezcladas con el relato de personajes históricos reales, como Roger Casement o Thomas Browne, que tuvieron una trayectoria especial, extraña, una suerte de rara avis que se escapa  a una posible taxonomía cerrada. En la primera página, cuando Sebald escribe las primeras coordenadas espacio temporales que lo sitúan en el hospital tras un largo viaje:

“En agosto de 1992, cuando la canícula se acercaba a su fin emprendí un viaje a pie a través del condado de Suffolk, al este de Inglaterra, con la esperanza de poder huir del vacío que se estaba propagando en mí después de haber concluido un trabajo importante”[14].

 

 

De esta forma, desde el incio de la novela, nos sumerge en el interior de sus pensamientos y por tanto, en l interior de un viaje en varios niveles o recorridos:

El recorrido por la historia local y por pasajes/ personajes históricos con un patrón común melancolizado o saturniano. Sebald entremezcla varias historias de personajes margiandos, de escritores, combatientes y exiliados, como el caso de Thomas Browne, las aventuras de Josep Conrad o Chateubriand.

El recorrido geográfico por el condado de Suffolk, región situada al Este de Inglaterra. Sebald, como un peregrino obsoleto decide recorrer esta región pasando por pueblos olvidados. O bien porque ya han sido explotados comercial o turísticamente (por eso la incursión de fotografías que cartografían las ruinas del pasado) o bien porque han tenido un papel en el pasado (restos de la II Guerra Mundial, bases olvidadas..)

El recorrido interior que Sebald realiza como un ejercicio personal a modo de un diario de viaje. Un recorrido por sus propios recuerdos que se intercalan con las historias de los personajes locales, como si estuviera enfrentado el relato histórico tradicional versus el relato local/personal.. El relato, contado en primera persona, es también la peregrinación por el interior del autor, por las miserias, anhelos y frustraciones que consumen la descomposición de los días en las largas caminatas que Sebald poco a poco va realizando.

Por último (un último recorrido) es la reflexión sobre la memoria. Los días que van aconteciendo en el relato, se interpretan como metáforas del acontecer temporal, del discurso que interrumpe el trascurso natural de un tiempo histórico. La memoria entendida como la encargada de activar el mecanismo de registro, de almacenamiento, de archivo, de ahí la atención siempre latente en todas las novelas de Sebald a inventariar y detallar los fragmentos, las reproducciones fotográficas que funcionan a modo de recordatorio, de puntualización y en última instancia una apelación a la historia. La memoria que legitima una actitud melancólica, de atención del tiempo, de estupor ante el pasado y de activación de la historia como agente activo.

Sebald rescata las historias que son dignas de ser reinsertadas, redescubiertas y releídas, ¿no recuerda este planteamiento al interés benjaminiano por el detritus de la historia?.  Es más, ¿no estudiaba personajes marginales como el flaneur el dandy o la prostituta? Buscar en los márgenes, en donde ya nadie busca; de ahí la predilección de Sebald por esos personajes atormentados que buscan el refugio y el aislamiento como forma de vida, de ahí también radica el gusto por los pueblos semi abandonados, que tuvieron un pasado rico y potencialmente económico durante una determinada época, pero una vez explotados, quedan desechados – bien por explotación de sus recursos, bien por crisis económicas- y se convierte en lugares fantasmáticos alejados de cualquier tipo de interés.

Sebald, por tanto, realiza una cartografía de los lugares marginados de su entorno; una estrategia que querría apropiarse del pasado, de la historia local que ha estado sujeta a antiguas batallas navales, a explotaciones económicas, a intereses comerciales, para enfatizar la obsolescencia del tiempo, las huellas de la memoria. En última instancia es una apelación a una conquista de la experiencia individual, por ello la incidencia del paseo a pie y no en otro tipo de transporte, un paseo que estaría en sintonía con las reveries roussonianas: permite la conquista de la experiencia en un mundo – el nuestro, el actual- donde apenas quedan lugares apartados y fuera del control normativo.

La historia que escribe Sebald es una historia de los vencidos, de los que han quedado en los márgenes de la Historia oficial. Hay un voluntad dialéctica en la narración sebaldiana que juega enfrentar la historia local contra la global, la hegemónica. El detallismo apologético y minucioso que Sebald ejerce no es más que una toma de posición, una postura de parte de los olvidados, y con ello no sólo se incluye la historia de los vencidos, sino una apelación a la intrahistoria, a la historia tejida con miles de fragmentos que representan a individuos que no han sido legitimados por la historia con mayúsculas.

Por otro lado, el escritor alemán no sólo rescata historias anodinas y anecdóticas que pertenecen al imaginario local de este comarca inglesa en particular, sino que arremete contra la construcción oficial histórica mediante el relato de personajes históricos – literatos importantes que han sufrido el aislamiento, la incomprensión y la injusticia –  . Por eso, algunos autores que han estudiado su obra coinciden en valorar el corpus sebaldiano desde la reivindicación ética o política, que tiene como trasfondo la crítica del sistema capitalista, una postura que se manifiesta de manera casi sibilina en determinadas citas y expresiones así como por el intento de cartografiar la decadencia y declive del cambio de siglo. Las ruinas serían la representación de la decadencia posindutrial, ruinas que también pertenecen a nuestra Historia más reciente: la época de posguerra o incluso la crisis económica que azotó Inglaterra en la década de los setenta con Margaret Tacher al poder.

 

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Por tanto, Los Anillos de Saturno, reflexiona sobre la concepción de la historia alternativa, hecha de modo fragmentario. Resalta la predilección por una determinada política del fragmento, una constante en el pensamiento benjaminiano. Para Benjamín la figura del trapero bien podría ser la del niño que, a través del juego, es capaz de rehacer las piezas de un rompecabezas histórico; un juego que, a fin de cuentas, es la salida del sistema; el historiador es un niño que “juega con los jirones del tiempo”. Benjamin nos advierte del peligro de una historia fría, inmóvil, impasible ante las catástrofes de la historia natural de la destrucción[15] y nos invita a la creación de un relato alternativo, un relato que busque en el juego, en la discontinuidad, en el fragmento, una salida.

Para el filósofo alemán, la tarea del trapero podría ser la del historiador sería la de coleccionar, recolectar para usar los restos imantados de la historia, los desechos que como el trapero, recoge los desperdicios y la “basura histórica”.

El trapero sería la “figura más provocadora de la miseria humana – dice Benjamin- es lumpemproletariado en un doble sentido; va vestido de andrajos y vive de ellos”[16].

Si Benjamin convierte la figura del trapero en la encargada de construir una morfología poética del fragmento que busca entre los despojos, encontramos un modus operandi similar en Sebald. Para Sebald se esgrime como una forma de resistencia a la sociedad capitalizada, al sistema consumista imbuido de un tiempo vertiginoso, falto de experiencias subjetivas.

También La historia en Los Anillos de Saturno se compone de restos fragmentarios, de desechos y de historias marginales. Benjamin apelaba al trapero para reutilizar los fragmentos desperdiciados, en una estrategia que para Reyes Mate consiste en “salvar lo que a cultura desecha y desechar lo que ella salva”[17], pero también reciclar el material sobrante como “la desesperación, la injusticia, las ruinas, las calaveras,”[18] en definitiva hacer del filósofo -dice Reyes Mate- un trapero” , y porqué no, hacer también del escritor un trapero.

 

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La historia para Benjamin al igual que para Sebald, invoca a una lectura abierta, disgredida, herida por los cortes y las cesuras, como un caleidoscopio, aparato mágico que cada vez que se agita da forma a nuevas imágenes geométricas y fragmentarias. Se trata, por tanto, de agitar el caleidoscopio de la historia y buscar en los márgenes, en los escombros y en los fragmentos, retales de ideas que se esparcen en un sentido no lineal.

Los marginados que se presentan en Los Anillos de Saturno, por uno u otro motivo, han sido excluidos por la Historia y componen un territorio que debe ser deambulado, recorrido: construir un sistema sin exclusiones, desde las ruinas, desde los escombros de la Historia y desde las heridas de los sin nombre: las víctimas del genocidio bosnio, las victimas del imperialismo europeo, las víctimas de su propio sistema como Casement, Swiburne o Conrad. Es entonces una llamada a repensar la Historia, no desde el progreso y de la empatía con los triunfadores, sino desde la experiencia subjetiva, marginal y quasi mendiga: el lumpemprololatriado que va vestido de andrajos y vive de ellos. Vestimentas antiguas y andrajos que atavían los personajes de Sebald; desde Parkinson, el ermitaño que nunca se compra  ropa, hasta Le Strange quien se vestía con trajes obsoletos, pasando por el propio Sebald, que, como peregrino, sólo lleva lo puesto y una mochila -un elemento que conecta también con la novela Austerlitz-.

Se trata de una estrategia para romper la continuidad del progreso, la linealidad histórica que no deja lugar a equívocos, a errores y sólo empatiza con los triunfadores. En este sentido, merece la pena citar las palabras de Moses, quien aclara:

“hay que romper la continuidad de la tradición historiográfica en un punto determinado: ese mismo punto en que el historiador materialista interviene para arrojar una nueva mirada sobre el pasado y salvar del olvido la “historia de los vencidos”. La construcción de la historia tal y como él la entiende quedará entonces dedicada a la “memoria de los sinnombre.”[19]

 TRES

Lo Anillos de Saturno se configura como una peregrinación por el recuerdo oscilando  entre el sueño y la realidad; todo el relato está embebido de una estado nostálgico y crepuscular, representado también por la atmósfera y el clima nórdico. Para Sebald no existe el momento del amanecer, su despertar corresponde a la caída del día. El relato está entonces escrito durante la noche, cuando todos duermen y él, debatiéndose entre la realidad y el sueño, recuerda y escribe. Sebald viaja a varios niveles de significado -físico, mental y conceptual- y se mueve en una superficie anacrónica, obsoleta y atemporal. Por ello, sus leit motivs son reiterativos:las ruinas de la civilización, los desechos posindustriales, los restos bélicos, la condición temporal, la finitud y, siempre, la destrucción como esqueleto de un tronco quebrado:

“Para Thomas Browne tampoco hay nada que tenga permanencia. Sobre cada nueva forma ya se cierne la sombra de la destrucción. Contra el opio del tiempo que trascurre, escribe, no ha crecido hierba alguna. El sol de invierno presagia la destreza con la que se extingue la luz en las cenizas y nos envuelve la noche. Las  horas se van hilvanando una tras otra. Incluso el mismo tiempo  envejece”.[20]

La estrategia de Los Anillos de Saturno consiste en tratar de descubrir lo que no está en los Anales, observar las figuras marginales como la prostituta, el flâneur o el dandy, que deambulan por las ruinas de los pasajes parisinos, intentando experimentar un tiempo autre, ralentizado, alejado de la nueva urbanización hasumaniana.

Hay por tanto que “leer lo que no fue escrito”. Forzar la sutura histórica. Escribir la historia de los olvidados, los oprimidos. Benjamin incita al callejeo, no sólo al del flâneur melancolizado porque le han arrebatado su medio escenográfico en los Pasajes, sino también al callejeo por los entresijos de la historia. Deambular por las callejuelas ocultas, descubrir nuevos lugares donde debe encontrarse lo que nunca nadie se atrevió a escribir. La memoria, como última instancia, es la que se encarga de desvelar lo oculto, enterrado en las profundidades de las entrañas históricas. El fragmento representado por el trapero, es la figura marginal encargada de descubrir las fallas, los errores, los pliegues y aprender de ellos.

Tanto en Benjamin como Sebald se respira la nostalgia de los días, de las horas, de un tiempo dilatado, lejos de la producción y de los objetivos. Podría definirse como una suerte de resistencia que les lleva a invertir la melancolía y lo negativizado: construir desde la destrucción, “organizar el pesimismo”. Queda entonces la responsabilidad histórica de escribir lo que no está escrito, de experimentar en una época carente de estímulos, de experienciar en un mundo donde todo lo nuevo pasa a ser viejo en un tiempo cronológico imperceptible y vertiginoso. Sebald, mediante el paseo narrado que nos ofrece en Los Anillos de Saturno traspasa la cicatriz de una temporalidad póstuma, y nos imbuye de una cierta resistencia al olvido y al progreso; una invitación a la descodificación de la mirada lenta, a recrearnos en la historia y buscar entre sus entresijos perdidos.

 

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Sebald, como Benjamin, no cesa en su empeño por descubrir los pliegues de la historia, señalando las tensiones y los márgenes. Concibe también la historia bajo el recuerdo y bajo las fotografías que señalan, cada una de ellas, el despertar de la historia, el ahora de la cognoscibilidad que viene como un fulgor, un augenblick. En esa epistemología crítica se esconde para Benjamin la venida redentora del Mesías, en el tiempo pleno, abierto y cicatrizado. Aunque, y como apunta Huyssen, para Sebald no queda ninguna esperanza salvadora:

“El texto termina con el pasaje conocido de Walter Benjamin sobre el ángel de la historia, pero la dimensión mesiánica, inherente al pensamiento de Benjamin, a un en un momento tan pesimista como 1940, ya no tiene lugar en Sebald. Es como si la historia misma hubiera sido bombardeada hasta el olvido”.[21]

 


[1] Hirsh, Marianne, Family frame: photography, narrative, postmemory, Harvard University Press, 1997

[2] Ibídem.

1] BENJAMIN, Walter, “Sobre el concepto de historia”, en: BARJA, Juan, Et al (eds) Walter Benjamin, Obras, Libro I/ Vol 2 p. 305

[2]DIDI-HUBERMAN,George, Ante el tiempo: historia del arte y anacronismo de las imágenes, Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora,2006, p 62

[3] LOWY, Michel, Walter Benjamin. Aviso de incendio, Buenos Aires: Fondo de cultura  económica de Argentina, 2002. p.12

[4] Primeros artículos de Walter Benjamin que afortunadamente se  pueden encontrar en castellano: BARJA, Juan. et al ( eds) Walter Benjamin, Obras Libro II/ Vol I, Madrid: Abada,  pp. 18- 35

[5] Parece que Benjamin leía con admiración a Rosenzweig, escritor influenciado por el judaísmo. Cfr. La estrella de la redención, Salamanca: Sígueme, 1997

[6] BARJA Juan. et al ( eds)  op cit., pp. 222- 237.

[7] Cfr. HabermasJüergen, El discurso filosófico de la modernidad, Madrid, Taurus, 1991.

[8] Ibídem p.41

[9] Ibídem, p. 42

[10] Buck-Morrs, Susan. La mirada dialéctica, op cit, p. 45.

[11] Carta a Gretel Adorno, citado en: MATE, Reyes, Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Benjamin sobre el concepto de historia, Madrid: Trotta, 2006, p 13.

[12] BEJAMIN, Walter, El libo de los pasajes, Madrid, Akal  p. 475.

[13] Ibídem, p. 345.

[14] SEBALD W.G., Los Anillos de Saturno, Barcelona, Anagrama, 2008. p. 11. El texto al que se refiere es su segunda novela Los Emigrados, visto en: FUCHS, Anne, Long, J.J. (ed) Sebald and the  writing of history, Berlin: Königshausen & Neumann, 2007

[15] SEBALD, W.G. Historia natural de la destrucción, Madrid, Quinteto, 2010.

[16] BENJAMIN, Walter, op cit, p. 349

[17] MATE, Reyes, , op cit, p. 34.

[18] Ibídem

[19] MOSES, Stéphan, El ángel de la historia: Rosenzweig, Benjamin, Scholem, Madrid: Cátedra, 1995.

[20] SEBALD W. G, Los Anillos de Saturno, op cit, p. 34

[21] HUYSSEN, Andres, Modernidad después de la posmodernidad, Barcelona: Gedisa, 2010 p. 172 (ver especialmente los capítulos dedicados a W. G. Sebald: Sebald y la guerra aérea, pp 161- 175, y Las zonas grises del recuerdo: Austerlitz, de W. G. Sebald, pp 175- 183).

 

*Nota: este artículo pertenece a una ponencia que presenté en IV El Congreso de Filosofía Joven organizado por la Asociación TALES. Este texto se inserta en una investigación más amplia: mi Trabajo Final de Máster, presentado en septiembre 2011.

 

 

 

 

 

3 Comments

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  1. 1
    Juan Manuel

    Una radiografía del libro extensa a la par que amena, que me hace deaear el leerlo cuanto antes. Gracias por tan maravillosas palabras.

  2. 2
    liliana

    maravilloso, te recomiendo entrar en el sitio del Palais de Tokyo de París, y ver la muestra de Didi-Huberman con Arno Gisinger sobre la propuesta del Atlas de Aby Warburg….!!!!!!!!!!!!!!!!!

    • 3
      Deren

      Perdona la tardanza en contestar. Esa expo tiene muy buena pinta, lástima no haberla visto. Intentaré hacerme con el catálogo. Si era Huberman seguro que estuvo muy bien! Gracias por la recomendación.

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